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OTERO ALVARADO, Fernando, «Rubalcaba, Griñán y ‘las ayatolás’», ABC, Sevilla, 8/08/2013..

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Apuntaba recientemente Carmen Posadas en estas páginas que, como ella era ‘chica’, podía argumentar contra el feminismo recalcitrante sin que promuevan su empalamiento público. Me alegro de verdad por ella y tantas gallardas mujeres, aunque los ‘chicos’ no tengamos otra que resignarnos a la acostumbrada tormenta de insultos, intimidaciones y censura propios de totalitarismos, sólo por pensar y opinar diferente. El caso es que Alfredo Pérez Rubalcaba pidió hace muy poco en Sevilla, en presencia del -aún- presidente de esta Andalucía de 1,5 millones de parados, “consagrar” esa supuesta igualdad que ellos llaman ‘de género’, nada menos que modificando la Constitución española.

Parece que en el PSOE no han podido marcar distancia con los poderosos lobbies minoritarios y femi-radicales que les dejó en herencia Zapatero, esos que Alfonso Guerra bautizó como “las ayatolás“, la “guardia pretoriana” que debe tener reservado despacho contiguo en Ferraz, en San Telmo, en Moncloa, y promueven la desigualdad ante la ley y la discriminación para el varón incluso si es contra el sentir de cada diputado, socialistas y socialistos, despreciando “lo que la mayoría considera razonable y justo”. Precisamente fue uno de los padres de nuestra Carta Magna, Gregorio Peces-Barba, quien también confesó, como autocrítica en El País, que en el PSOE son “rehenes de grupos minoritarios, feministas muy radicales”, con lo que, junto con la generalidad de los partidos de izquierda, exigen sempiternamente más y más discriminación contra el hombre y más y más privilegios para las mujeres adultas, bien bajo el zafio argumento de que nosotros -y también nuestros hijos- hemos de pagar por los pecados del patriarcado de nuestros ancestros, o bien al fanático, grotesco e irracional grito de ¡todos son machistas!.

El mismo Guerra les regaló también aquello de que “jovencitos al poder y mujeres primero” no funciona, auque a Griñán ni plin. Haciendo uso de esos enemigos del buen gobierno, eficiencia, mérito y capacidad que tanto promueven -díganse cuotas, paridades, cremalleras y otros apaños discriminatorios- ahora nos sale con un dedazo mal disimulado para una treintañera sin ningún bagaje profesional fuera del aparato. «Llamadme aparatchick, ignorante, inexperta… pero llamadme Presidenta», parece decir su reciente y amplia sonrisa de finalista de “Tú sí que vales”. Prácticas de populismo barato para consagrar la demagogia –en el partido y en Andalucía- ante cualquier atisbo de intelectualidad, y aderezadas con incontrolables millones de euros para sus satélites ideológicos ‘del género’ (como su Federación de Mujeres Progresistas, a la que continuaban aprobando subvenciones a la vez que la cerraban, quebrada y con numerosas irregularidades), tan sólo para seguir alimentando su propagandística red particular de femi-progresía militante.

Como no cuesta nada, me atreveré a soñar que quizás Rubalcaba haya mandado a hacer gárgaras a esa tenia parásita que devora tanto a nuestra sociedad como a su partido, y desde Ferraz se reniegue por fin del fundamentalismo talibán y cada trato asimétrico que imponen allí donde gobiernan. De esta manera, ya no reclamarán más que la palabra de una ciudadana valga más que la de su paisano, o que el mismo insulto sea un delito o una simple falta según los sexos de las partes en conflicto, o al menos apoyarán avances hacia la custodia compartida, la única fórmula para que el 85% de las mujeres dejen de cargar en solitario con la crianza de los hijos, puedan desarrollarse profesionalmente, y que los padres asuman en igualdad tales tareas, respetando los pisoteados derechos de ambos. No se quieren enterar que sus políticas discriminatorias –máxime las que llaman “positivas”-, generan trágicas injusticias para tantos miles de hombres y niños, que se quedan con una frustración que va tornando en indignación al no haber hecho nada malo, y en muchos casos, los separan durante años.

Puede también que en el PSOE ni siquiera hayan leído la Constitución y lo que proponen sea introducir, por ejemplo en el art. 14 del inviolable Titulo I, que «los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión,…», y que además se comprometan a respetarlo, en vez de violarlo sistemáticamente.

A los militantes de izquierdas: por favor, exijan en sus partidos igualdad, para hombres y mujeres, ante la ley y «sin discriminación alguna», como ya dice nuestra Constitución. Y si no les hacen caso, quemen el carné ‘a lo Gandhi’, y voten al partido pirata, al de los jubilados, o a quien más les apetezca.

logotipoFernando Otero Alvarado, secretario de la Plataforma Ciudadana por la Igualdad. Publicado en ABC, Tribuna de 8/08/2013.

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