Ana Isabel Peña, José Antonio Rodríguez y María Girona.«Sé que cuando salga me va a matar»

El Mundo, “María, víctima de malos tratos: «Sé que cuando salga me va a matar»”, Pablo Herráiz, Madrid, 31/05/2014.

«Qué raro puede sonar que dos mujeres víctimas de malos tratos y un hombre acusado de violación se unan en una misma causa. Pero los tres, según cuentan tienen un palabra que les ha unido para siempre: «Injusticia».

Se llaman María Girona, José Antonio Rodríguez y Ana Isabel Peña. Ellas son abogadas, él fue encofrador en los tiempos del boom. Ahora forman la Asociación para la Defensa de Víctimas de Injusticias (Apadevi), que preside María en su sede del centro de Madrid.

“Tenemos a un chico que tenía orden de alejamiento al que su ex pareja acusó de violación, y gracias a que llevaba una pulsera de localización se pudo demostrar que él estaba a varios kilómetros de la mujer cuando se supone que la violaron”, cuenta María.

María, que antes de abogada fue policía, recuerda cómo en los años 90 empezaron a maltratarla: «Al principio no lo notas, te dice que eres una mierda, que si no te quiere él no te querrá nadie, te aleja de tu círculo, de tu familia».

¿En qué más falla la ley? José Antonio lo resume con su ejemplo: «Después de 15 años de relación totalmente normal, mi mujer se enamoró de otro. Un día me dijo que me marchara de casa, que quería vivir con el otro. Yo dije que no, que nos divorciáramos pacíficamente».

«Después hay un primer día en que te pega, y tú alucinas, pero ya no tienes a quién contárselo porque estás muy sola, y crees que es culpa tuya. Por la noche te dice llorando que lo siente, que lo ha hecho porque te quiere demasiado, te quiere tanto que pierde la cabeza. Y le crees. Le perdonas», relata María…

«Después empieza a pegarte todos los días y, como me pasó a mí, un día me clavó un cuchillo, quemó la casa y tuve que salir herida y con los niños en brazos para no morir abrasados. Esa fue la primera vez que denuncié. Cuando se lo dije, me llevó, literalmente, a pedradas hasta la comisaría para que la retirara, y yo lo hice», continúa. Cuando él llevaba dos años en la cárcel María encontró el valor para volver a denunciarle, después de muchas sesiones de psiquiatra. Pero María tiene un convencimiento: «Cuando salga sé que me va a matar, pero por eso no quiero esconderme más. Quiero que se sepa que grité hasta el final que me iban a matar, porque las víctimas estamos desprotegidas totalmente por la ley de violencia de género, olvidadas de los gobiernos».

¿En qué más falla la ley? José Antonio lo resume con su ejemplo: «Después de 15 años de relación totalmente normal, mi mujer se enamoró de otro. Un día me dijo que me marchara de casa, que quería vivir con el otro. Yo dije que no, que nos divorciáramos pacíficamente».

«Entonces ella empezó a provocarme para que la pegara, y yo no la pegué, pero en mi enfado le di un puñetazo a una puerta. Con eso me denunció. Después, viendo que no era suficiente, me pidió perdón, me empezó a acariciar y a dar besos, nos fuimos a la cama. Al día siguiente me denunció por violación, guardó con cuidado las sábanas, la ropa interior y lo usó como prueba», explica. Así, de un día para otro, él acabó en la calle, sin trabajo, sin ver a su hijo, sin dinero. A las dos semanas se emborrachó como una cuba, llamó varias veces a su mujer para saber de su hijo, y ella le denunció por acoso. Acabó detenido de nuevo.

En la historia de Ana, su pareja era policía: «Me maltrataba, me acosaba mandando a sus propios subordinados a casa en coche patrulla, me tenía vigilada. Pero le denuncié y el caso acabó archivado», añade.

Y hace poco más de un año, hartos, fundaron Apadevi para buscar más casos como los suyos. Y los de ellos aún no están cerrados, porque a José Antonio todavía podrían caerle de seis a 12 años por violación, y María no duda de que la matarán.

«La ley actual no protege a las víctimas en absoluto, pero además deja en manos de algunas mujeres la vida de sus maridos. Si tú tienes una ex, un día por la calle te la cruzas y te denuncia por amenazas, van a detenerte sin ninguna comprobación. Así, muchos hombres que no son maltratadores se acaban convirtiendo en eso, porque una falsa acusación puede lograr que en unos días pierdas la casa, tu sueldo, a tus hijos, que tengas antecedentes, que vayas a la cárcel… Y algunos luego pierden la cabeza y asesinan. No se pueden justificar estos crímenes de ninguna manera, pero ocurren porque la ley no ampara ningún derecho para los acusados, y además desprotege a las víctimas con una amenaza real de ser asesinadas. ¿De qué sirve una orden de alejamiento, si sólo es un papel? Si te quiere matar, va a ir hasta donde estés, le da igual quebrantarla», añade María Girona.

Entre los casos que están llevando hay de todo, y los comentan periódicamente en sus cuentas de Facebook o Twitter, sobre todo con objeto de denunciar a los juzgados que, en su opinión, toman decisiones arbitrarias con todos estos temas.

“Tenemos a un chico que tenía orden de alejamiento al que su ex pareja acusó de violación, y gracias a que llevaba una pulsera de localización se pudo demostrar que él estaba a varios kilómetros de la mujer cuando se supone que la violaron”, cuenta María.

“También tenemos a una madre separada que cada dos fines de semana tiene que llevar a sus hijos de 13 y 11 años con el padre, que es alcohólico. Él no les hace ni caso, se emborracha y les insulta, les está maltratando psicológicamente. Al final el hijo mayor consiguió grabar cómo les insultaba sin parar y les decía que era una mierda cuidarles, que se iba a ir de copas para no verles. Llegamos al juzgado y pretendían archivar el caso sin siquiera oír la grabación. A la juez le pareció que los niños estaban encantados con su padre, y mientras ellos estaban llorando en la puerta del juzgado porque no querían que les dejáramos irse con él de nuevo”.

Los malos tratos son sólo algunos ejemplos de las guerras en las que se quieren meter María, José Antonio y Ana con Apadevi, pero en realidad se dirigen “a todo tipo de injusticias: negligencias médicas, denuncias falsas, despidos, incapacidades laborales, abusos de poder, errores judiciales…”, como dice Girona.»

Enlaces: http://www.elmundo.es/madrid/2014/05/31/538a338de2704eeb6c8b4572.html