GÓMEZ, Amalia, (2001), “El arte de saber respetar”, capítulo “Intolerancia y violencia contra las mujeres”, pp. 89-98, Ed. Martínez Roca, Barcelona.

Amalia Gómez, Doctora en Historia de América y profesora titular en la Universidad de Granada, ha sido Diputada autonómica en el Parlamento de Andalucía (1990-96) y Secretaria de Estado de Asuntos Sociales (1996-2000). Durante su desempeño en dicho cargo, destacó por la cercanía e interés directo que demostró ante las condiciones de vida cotidianas de las personas pertenecientes a colectivos marginales, como prostitución, drogadicción, dependencia, o inmigración.

En 2001, fuera de la política, publicó el ensayo “El arte de saber respetar”, en el que incluyó un capítulo con el título “Intolerancia y violencia contra las mujeres”. Tras lamentar las situaciones de violencia que muchas mujeres sufren de forma invisible, aporta su visión del problema y las propuestas para abordarlo, que parecen muy diferentes a las políticas discriminatorias ‘de género’ y la desigualdad ante la ley contra el varón que se adoptaron pocos años después. Algunas citas:

Sobre la igualdad ante la ley (versus desigualdad ‘de género’):

«No se puede dividir el mundo de los derechos y deberes entre hombres y mujeres, como si éstos conceptos tuvieran género masculino o femenino, y mucho menos como si fuesen materias de intereses enfrentados en función del ‘género’. Las cuestiones de derechos humanos han de ser punto de encuentro para todas las personas de bien, hombres y mujeres que creen en la libertad y practican el respeto y la tolerancia, desde la diversidad, desde ese don divino compartido que es la vida humana.»

Sobre las propuestas inhumanas de las femi-radicales (versus rehabilitación):

«Hay quien opina que no hay que gastar dinero público en rehabilitar a los ‘agresores’, sino dedicarlo todo para las mujeres» (Años después, incluso ha habido quien los invita directamente al suicidio)

Sobre la inutilidad de las medidas penales y sancionadoras (versus educación):

«Siempre es más duradera la paz que surge de la tolerancia, como convicción transformada en talante y actitud por los hombres, que la paz que se consigue o se impone por mandato legal. La primera no necesita garantes; para la segunda son menester guardianes.»

Sobre la censura, amenazas e intimidaciones que practica el fasciofeminismo ‘de género’ en el poder sobre los que pensamos diferente:

«Discrepar desde la tolerancia es discutir y mantener posiciones pero sin el rechazo de las posiciones contrarias. Hay que evitar que una divergencia se convierta en un enfrentamiento…»

«Aceptar la discrepancia, aprender y enseñar a convivir con ella, es el mejor antídoto contra la violencia.»

«Evitar la discrepancia en sí misma es un mal hábito para la convivencia, porque ello conlleva y genera una violencia difícilmente contenida.»

F.O., secretario de la PCI.